Mendoza 14 de agosto

Hoy me quedé mirando la televisión y sentí vergüenza. Vergüenza y rabia. Porque una vez más vi lo mismo de siempre: alguien que quitó una vida, que rompió todo lo que una persona era… y salió caminando. Como si nada. Como si nada hubiera pasado.

 Y entonces hablan. Hablan de circunstancias, hablan de que fue culpa del arma, de que las cosas se dieron así, de que el entorno lo empujó, de que hubo miedo, de que hubo confusión. Todo sirve para justificar lo injustificable. Le buscan mil explicaciones a quien mató, y ni una sola a quien murió. Como si la vida de la víctima valiera menos que las excusas del que le apuntó.

 Dicen que hay justicia en este país. Dicen que hay leyes, que hay jueces, que hay verdad. Pero yo veo esto y me pregunto: ¿dónde está? ¿Dónde está la justicia cuando todo se puede comprar, todo se puede explicar, todo se puede volver del revés hasta que el culpable parece la víctima?

 Matan y salen caminando. Matan y encuentran mil voces que los defienden, que les buscan razones, que dicen "no fue su culpa". ¿Y la vida que se perdió? ¿Esa no tiene voz? ¿Esa no tiene derecho a que se haga justicia?

 Me da vergüenza ajena. Me da asco ver cómo se torcen las palabras para que el que hizo daño quede limpio. Me doy cuenta de que aquí, en esta nación, y me temo que en ningún lado… la justicia no es para todos. Es para quien tiene con qué pagarla, o con qué excusarla.

 Mientras tanto, los que se fueron no vuelven. Y los que los mataron… siguen caminando libres.

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